¿Debe la Iglesia meterse en los asuntos públicos?

En México, y me imagino que en todo el mundo, la Iglesia empieza a ser fuertemente criticada por atreverse a fijar una postura en casi todos los temas que afectan el desempeño político de los distintos gobiernos.

Con el argumento de la defensa de un estado laico (que rige igual para todas las creencias) los críticos de la Iglesia le piden que no se inmiscuya en temas que serían de incumbencia solo de gobernantes y gobernados. (Ej: La promulgación de leyes contra la vida, la supuesta defensa de los derechos de ciertas minorías)

La pregunta que me surge es la siguiente:

¿Debe la Iglesia opinar sobre los asuntos públicos?

Mi respuesta es… desde luego.

¿Qué más necesitado de orientación moral puede existir que la promulgación de leyes que regirán la convivencia de las sociedades? Si la estipulación de una ley es algo que acabará por afectar el comportamiento de un individuo, se esperará que esta ley esté apegada a la ley natural de Dios, misma que la Iglesia ha defendido siempre.

Claro, siempre me orientaré  más por preferir antes que una posición de conflicto entre Iglesia y Estado, una postura de cooperación y consejo mutuo. Una a otra se podrían aportar mucho si se permiten escuchar lo que cada una tiene que decir. Al final de cuentas tanto Iglesia como estado son de las instituciones más antiguas en la historia de la humanidad, por lo tanto, algo han de saber sobre como hacer las cosas.

Sin embargo, la ventaja que tiene la Iglesia por sobre el estado es que la primera acumula y reflexiona su experiencia de humanidad a cada año que pasa, nuestra Iglesia se va volviendo más sabia, mientras que la postura del estado depende en gran medida de la idiosincracia y la individualidad del gobernante en turno.

La Iglesia evoluciona lentamente conforme aprende más y más de la misma humanidad a la que orienta, mientras que en el otro lado, todos hemos visto como los estados a lo largo de la historia se reformulan y se replantean de manera completamente distinta al gusto de quien llega al poder.

Es por eso que si bien la Iglesia no tiene el carisma de gobierno de naciones, si que lo tiene en la orientación moral de la vida cotidiana y social del mundo. Por lo mismo es perfectamente entendible que fije una postura que servirá de marco de referencia ante las distintas preocupaciones humanas.

¿Quien mejor que la Iglesia para decirnos cómo actuar ante la nueva ola de investigación genética? ¿Qué otro referente moral más adecuado que la religión para ofrecernos luz sobre cómo actuar ante las nuevas posibilidades de acceso casi ilimitado a la información vía el Internet? ¿Quien mejor que nuestra Iglesia para indicarnos cómo debe de ser el modelo de familia al que los seres humanaos con vocación debemos de aspirar? ¿Quién mejor que la Iglesia para ayudarnos a alinear nuestra conducta con los designios del Creador?

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