Pedir consejo al gran consejero…

Hace un par de días caminaba por la calle y decidí pasar a una Iglesia que está cerca de mi oficina para realizar una visita a Jesús.

En esta ocasión quise entrar para poner a su disposición ciertos problemas y dudas que me vienen a la cabeza. Son ese tipo de problemas que uno empieza a sentir que le es prácticamente imposible resolver solo. Cuestiones que durante mucho tiempo se empiezan a clavar en el alma y pareciera que no te dejan en paz.

Pues bien, ingresé a esta Iglesia y me dispuse a “entregarle” por completo estos problemas a Dios. No es actitud de rechazo y olvido de los mismos, pero si en el de pedir ayuda a quien todo lo puede. “Yo no estoy pudiendo solo Señor… acudo a ti para que me aconsejes cómo actuar”

Hoy, un para de días después de dicha visita, mis problemas y cuestiones siguen presentes, pero ahora sé que tengo una mente muy superior trabajando en ellos. Y por lo pronto, me siento acompañado en mi andar en busca de la mejor solución.

Teniendo a Dios de mi lado como consejero, y contando con mi firme disposición por trabajar en el camino de mi santidad…. no me queda duda que ningún problema me detendrá.

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