El ataúd de madera

¿Recuerdan cómo se despedían de este mundo los antiguos faraones egipcios?

Mandaban construir en vida una gran pirámide digna de su grandeza, en cuyo interior sería depositado su cuerpo una vez que este emprendiera el viaje al otro mundo. Entre más grane la pirámide… mejor.

Además, solicitaban que junto a su cuerpo inerte se depositaran oro, piedras preciosa, herramientas, artesanías y hasta daban la orden de que una vez que ellos fueran enterrados, varios de sus familiares y sirvientes que les acompañaron en vida también deberían de ser enterrados junto a ellos.

Todas estas peticiones tenían dos únicos fines… Por un lado, todas los tesoros le servirían al faraón como recursos para poder enfrentar la nueva vida después de la muerte y, segundo, dejarían una muestra física en el mundo terrenal que fuera testigo de su grandeza como gobernantes.

Ahora bien…

¿Recuerdan cómo se despidió de este mundo Juan Pablo II?

El beato pidió que a su muerte, su ataúd fuera hecho de madera sencilla y sin adornos. Nada de joyas, ni de recuerdos y mucho menos ostentaciones materiales, tan solo madera y ya. El quería que su última morada en la tierra fuera un simple cajón de madera.

A diferencia de los faraones que buscaban a toda costa construir un legado físico y visible en el mundo para ser recordados, nuestro querido Papa polaco tan solo buscó que su recuerdo fuera de humildad y austeridad. Nada se iba a llevar a la otra vida… tan solo sus obras y las riquezas acumuladas en su alma.

Actualmente, en el interior de la Basílica de San Pedro, por motivo de la beatificación del Papa Juan Pablo II, se exhibe este ataúd de madera, sencillo, hermoso y liso… como si este fuera un reflejo fiel del alma de su morador.

Un solo mensaje nos parece decir esta última decisión de Juan Pablo II:

“Nada importa, nada vale y nada te llevas cuando de morir se trata. Tan solo lo que en vida hiciste por Dios y por los hombres”

2,000,000 de personas reunidas alrededor de un ataúd de madera es tan hermoso y grandioso como saber que millones de católicos en el mundo nos congregamos alrededor de dos mástiles de madera que juntos forman una simple cruz. Cruz que simboliza en su sencillez el símbolo más grandioso de Dios y su humildad salvadora.

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