Los milagros de Cristo

24 marzo 2011

Ayer meditaba en lo siguiente…

¿Que sería de mi si tuviera el poder de hacer los milagros que Cristo hizo hace 2000 años?

o visto de otra manera…

¿Que haría yo si de pronto me encontrara con que poseo poderes sobrenaturales?

Mi reflexión me llevó al punto de preguntarme finalmente lo siguiente…

¿Usaría esos poderes en provecho mío o en el de los demás?

Lo grandiosos de Cristo es que habiendo tenido el poder absoluto en sus manos siempre optó por emplearlo para el bien de los demás… jamás para el suyo propio.

No existe ningún pasaje del evangelio en donde podamos leer que Cristo se sirvió mágicamente un gran banquete cuando tuvo hambre, o en el que se curó a Él mismo de una dolencia física que le molestaba, ni mucho menos encontramos en la historia de la salvación a un Cristo usando sus poderes para salvarse del calvario y de la muerte en Cruz… (claro que lo pudo haber hecho). Más bien multiplicó los panes para que la muchedumbre de gente que se generaba al rededor de Él pudiera comer, curó los dolores físicos y emocionales de leprosos y pecadores y decidió que su tiempo de muerte debía de ser respetado en beneficio de toda la humanidad.

En verdad, todo pasaje evangélico nos enseña como Jesús de Nazaret viajó buscando a quien beneficiar con su talento. “Nada para mi, todo para los demás” parecería que fue su lema de vida.

Pero no necesitamos esperar a tener poderes milagrosos como los de Cristo para aplicar esta reflexión en nosotros mismos.

Yo les pregunto…

Sus talentos…

¿Los usan para su propio beneficio  o para el de los demás?

Tal vez no podamos curar enfermos de manera milagrosa, pero seguro si existen personas que dotadas de una gran paciencia pueden acompañar a los dolientes en su proceso lento de curación.

Tal vez no podamos resucitar a los muertos, pero seguro que si existe alguien a quien Dios le concedió el don del escucha y el habla para consolar a quienes han perdido a un ser querido.

Seguro no podemos multiplicar panes ni pescados de la nada, pero puedo asegurar que existen cientos de personas que han sido bendecidas con el talento de la generosidad y bien pueden multiplicar los actos de bondad en los demás.

Todos tenemos talentos… absolutamente toooodos. Lo digo por que  profesionalemente a eso me dedico, a entrenar el talento de la gente, y puedo asegurar que cualquier persona es capaz de grandes milagros cuando de ayudar al prójimo se trata.

Cristo nos cautiva no por su capacidad de hacer milagros, sino más bien por su enorme disposición de poner sus talentos al servicio de los demás.

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¡Viva la vida!

15 marzo 2011

Estimado lectores de “Diario de un Católico”:

Si Dios así lo permite… el día de hoy, mientras ustedes leen esta entrada en mi blog, yo estaré en el hospital recibiendo en mis brazos a mi tercer hijo.

Aunque esta entrada está programada con anterioridad, puedo asegurar que en el momento en que mi pequeña (es niña) vea el mundo por primera vez su papá (o sea yo) estará experimentando los siguientes sentimientos:

Gratitud con Dios por permitirme ser padre una vez más.

Felicidad por poder aportar una razón de santidad más al mundo.

Euforia por haber presenciado un nuevo milagro.

Emoción por el futuro que está por venir.

Angustia por querer ofrecerle todo el mundo a mi hija y no poderlo hacer.

Tranquilidad de saber que no estoy solo en mi labor de padre.

Fe de que todo, absolutamente todo lo que sucede en el mundo, está en el plan perfecto de Dios.

 

Bienvenida al mundo mi pequeña Camila!!!!


Pequeño tip de productividad….

14 marzo 2011

¿Alguna vez les ha pasado que sienten que el tiempo para hacer todas sus actividades no les es suficiente para lograrlas eficientemente?

¿Alguna vez han deseado que el día tuviera 2, 3 o 10 horas más para que les alcanzase a programar todo lo que tienen que hacer?

Si así es…. me queda claro que tienen un problema severo de productividad, y este se presenta por igual tanto en directores de empresa como en mamás amas de casa que se vuelven locas para tratar de dividirse en 10 partes al mismo tiempo.

Pues bien…. dado que el don de la “bilocación” no nos es concedido a todos por igual (la bilocación es un don milagroso que Dios ha concedido a ciertos santos en la historia que les permite poder estar en más de un lugar al mismo tiempo a la vez), la mayoría de los mortales nos vemos en la necesidad de acudir a prácticas de organización y administración del tiempo.

Yo a lo largo de mi quehacer profesional he estudiado varias de esta técnicas de gestión del tiempo, y creo poder decir que hasta la fecha no he encontrado una mejor que la aplicación del siguiente principio:

“La clave para poder incorporar una nueva actividad a tu vida radica en aprender a renunciar a otra”

No hay más…. el día tienen tan solo 24 horas innegociables con el Creador. Si resulta que ya tenemos destinadas esas 24 horas para hacer determinado número de actividades, resulta lógico pensar que el querer incorporar otras en el mismo lapso de tiempo provocará un caos de productividad.

El problema es que en el mundo actual, el aprender a renunciar no es algo que nos enseñen en ningún lado. Al contrario, pareciera que el objetivo del hombre contemporáneo es “acumular” , como si entre más pudiésemos hacer estuviéramos dando señales de mayor productividad.

Siempre será mejor hacer pocas cosas pero bien hechas que cientos de ellas dejadas a la mitad.

La productividad del tiempo no se logra gestionando mejor la acumulación de actividades sino reemplazando y renunciando a otras cada vez que incorporamos nuevas.

¿No lo creen?


Si tan solo supiéramos…

11 marzo 2011

Me dado cuanta que…

Si tan solo supiéramos que dejar pasar a los coches que se intentan incorporar a nuestro mismo carril ayuda a hacer más fluido el tráfico en la ciudad… dejaríamos pasar al otro coche más seguido.

Si tan solo supiéramos que controlar la furia de un enojo producido por cierta situación, ayuda a resolver más fácilmente la causa de dicho enojo… nos enojaríamos menos.

Si tan solo supiéramos que esperar el tiempo necesario para que las cosas de la vida  sucedan en vez de quererlas provocarlas más a prisa, ayuda a que dichas cosas se presenten con mejores beneficios…. esperaríamos más seguido.

Si tan solo supiéramos que regalar tiempo y atención al prójimo acerca más a las personas que el regalar cualquier objeto material…. los regalaríamos más seguido.

Si tan solo supiéramos que pedir ayuda resuelve más rápido los problemas que intentar hacerlo solos… pediríamos más ayuda.

Si tan solo supiéramos que el silencio ayuda a encontrar más respuestas que el ruido… guardaríamos silencio más seguido.

Si tan solo supiéramos la manera en que Dios nos ve y nos ama, a diferencia de como nosotros pensamos que Èl nos ve y nos ama… sonreiríamos más seguido.


Miércoles de ceniza

10 marzo 2011

Ayer fue miércoles de ceniza…

Yo atendí con mi familia a recibir la señal de la cruz a la Iglesia que está enfrente de mi casa. Las calles de enfrente del templo fueron cerradas pues es costumbre en nuestro país (y me imagino que en mucho otros países también) que en este día se instalen a las afueras de las Iglesias pequeñas ferias (juegos mecánicos) y puestos de comida que sirven para congregar a los asistentes a la celebración del inicio de la Cuaresma. Todo esto con el objetivo de proponer una amena convivencia familiar.

Pero como sea que cada parroquia decida celebrar este día, lo importante es recordar que la Cuaresma nos lleva a meditar que el alma y el cuerpo deben de entrar en una etapa de preparación para vivir la Semana Santa (40 días de preparación espiritual)

En especial a mi me resulta más fácil asumir compromisos (físicos y espirituales) durante estos 40 días que en el año nuevo. La imagen de Jesús en el desierto me ayuda mucho a querer imitarle sobreponiéndome a las tentaciones del cuerpo y del espíritu.

Así que antes que nada, ayer aproveché para confesarme pues tener el alma tranquila y limpia es indispensable para poder dominar los retos del cuerpo.

Les invito a que ofrezcan de todo corazón a Dios su arrepentimiento sincero por los pecados cometidos y sobre todo una sincera intención por buscar la santidad día a día.


Jesús en el desierto (otra vez)

9 marzo 2011

Una de las entradas que más visitas tiene en mis registros del blog es “Jesús en el desierto”.

Me imagino que el inicio de la cuaresma (hoy es miércoles de ceniza) ha motivado a algunos leer esta entrada… Así que me permito volver a publicarla, pues siento que viene bien en este inicio de cuaresma, época en la que necesitamos encontrarle sentido al ayuno y a la oración:

” Uno de mis pasajes favoritos del evangelio es la estancia por 40 días y 40 noches de Jesús en el desierto. Ayer haciendo mi acostumubrada reflexión evangélica me encontré con este pasaje tan lleno de vida, humanismo y enseñanza.

A continuación transcribo la cita evangélica y posteriormente les comparto mi reflexión al respecto… (Mt, 4,1-11)

” Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está -A sus ángeles mandará acerca de ti y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra-
Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”

Este pasaje nos relata cómo Jesús, llevado por el Espíritu Santo, se dirigió al desierto a ayunar y a orar ¿Para qué? ¿Era necesario? ¡Desde luego que sí!

Jesús en su condición de hombre quiso, antes que conquistar al mundo para Dios, conquistarse primero a Él mismo para su Padre. Jesús quiso primero dominarse a sí mismo para luego poder salir a cumplir su misión de cruz.

Al pasar 40 días y 40 noches de ayuno Jesús logro sobreponerse a lo terrenal, a lo carnal y a lo puramente superficial. Quien ha hecho ayuno alguna vez, sabrá lo mucho que forja esta actividad el carácter y si además acompañamos el ayuno con oración (tal cual lo hizo Jesús) entonces nuestro espíritu crecerá y se fortalecerá por sobre el cuerpo.

Así, como era de esperarse,  Jesús alcanzó un punto máximo de debilidad física y “tuvo hambre”… Aquí es en donde el diablo, invariablemente entra en escena en nuestras vidas. Cuando más deseosos estamos de lo carnal (por que somos humanos) es cuando más propensos somos de ser tentados.

Las tentaciones de Jesús ocurrieron en orden ascendente…

Primero el diablo lo tentó en el nivel más simple de nuestra condición humana: el cuerpo. Eta tentación tuvo lugar a ras de tierra, en donde están las piedras. Queriendo aprovecharse del hambre que sentía Jesús, le invitó a convertir estas en pan. Jesús lo pudo haber hecho, pero estaba ahí, en el desierto,  no para demostrar su grandeza como Dios sino como ser humano. Hermosa apelación le dijo Jesús “No solo de pan vive el hombre… sino  de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y es verdad. Jesús en el desierto, si bien no se alimentó de pan, si lo hizo de oración que es el alimento del espíritu.

Habiendo sido derrotado al intentar provocar a Jesús en el cuerpo, ahora el diablo quizo tentarle en un elemento superior: la razón. Dicha tentación se llevo en un punto más alto (sobre el pináculo del templo) pues la razón es, de hecho, más alta que el cuerpo. Aquí el templo representa justamente  la inteligencia del hombre. Inteligencia que el ser humano ha utilizado para edificar y construir templos a lo largo de la historia. Entre más hermoso el templo más gala se hace de la mente que lo edificó. La arquitectura es el portento de la mente humana. Así, para esta tentación, el diablo utilizó la lógica de las escrituras. “Si está escrito es por que sucederá”. Una vez más, al igual que el templo, la lógica es un símbolo más de la razón y la inventiva humana. Pero Jesús, habiendose preparado en cuerpo y mente en el desierto, le volvió a responder utilizando la misma lógica que su tentador: “Escrito está también: no tentarás al Señor tu Dios”. Así pues, en la tentación de la razón, la mente de Jesús se sobrepone a la mente del diablo.

Y es entonces cuando el demonio, al verse derrotado en el campo del cuerpo y el de la mente, decide provocar la caída del elemento más alto de todos: El espíritu. Para esto, lleva a Jesús a la montaña más alta. Aquí, la montaña, representa el punto más elevado de la naturaleza creada por Dios: el alma. Si bien el templo (la razón) es construida por el hombre, la montaña (el espíritu) es creada por Dios. Así, el diablo quiso subir al nivel más alto posible esperando que la caída fuera igual de grande. Y habiendo hecho esto, para tentar a Jesús el maligno apeló a dos de los elementos más peligroso para el espíritu humano: la codicia y la soberbia. El diablo, en su soberbia, quiso que Jesús le adorase esperando que el Maestro se dejara llevar por la codicia. Pero una vez más, habiendo preparado su alma al igual que su cuerpo  y su mente en la oración y el ayuno, Jesús le responde de manera definitiva y tajante (tal y como se debe de responder a las tentaciones del alma): “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”

Es entonces cuando el diablo viendo que el cuerpo, la mente y el el espíritu de Jesús son infranqueables, se retira y le deja en paz a la merced de los ángeles que comenzaron a servirle. Es importante hacer notar que los ángeles que el diablo advirtió le vendrían a ayudar, solo aparecieron después del triunfo personal de Jesús sobre el mal, no antes. Es decir, el esfuerzo por alcanzar el bien es responsabilidad nuestra no de Dios. ¡Hermoso cierto!

Después de este pasaje, volveremos a saber de varios encuentros de Jesús con demonios, pero ahora de una manera muy diferente: Jesús los expulsa de los cuerpos que estos poseen y estos, ahora, le temen como a nadie. Jesús derrotó  a Satanás en el desierto y eso los demás demonios no lo olvidarán jamás.

Lo que me encanta de este pasaje evangélico es que Jesús no hace uso de su condición divina para sobreponerse a las tentaciones. Es capaz, desde su esencia humana (débil al igual que la de todos nosotros) de vencer al príncipe del mal. No fue Dios quien venció al demonio en el desierto, fue un ser humano. Y eso me deja en claro que, al igual que Jesús, nosotros también lo podemos hacer.

Ser tentado no es malo, dejarse llevar por la tentación y actuar en consecuencia sí que lo es.

Aquí lo importante es entender que Jesús se preparó para ese momento. No fue ninguna fuerza extranormal la que le ayudó a salir avante de las tres tentaciones. Fue el caracter que se forjó en el ejercicio del ayuno y la oración ¡Así se prepara el alma!

Cuantas veces no hemos dejado nuestro cuerpo, nuestra mente y, peor aún, nuestro espíritu a la deriva sin formación. Para esto sirve la oración… para esto sirve el amor…. para esto sirve el ayuno… para formar y forjar nuestra alma.

Al Jesús que encontramos en el desierto es uno de los más hermosos de todo el evangelio pues nos enseña, en todo su esplendor, la hermosura misma del potencial  humano cuando este está lleno de Dios.

Pues bien… espero que les pueda servir esta breve reflexión de un pasaje verdaderamente enriquecedor de la vida de nuestro Señor Jesucristo que en lo personal a mi me ha cambiado mi manera de entenderme y entender más a nuestro Salvador.”

 


Te estoy viendo…

1 marzo 2011

¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en la influencia que tenemos en nuestros pequeños? Este video me sacó hasta la más remota lágrima.

Como alguna vez alguien me comentó… “Los mayores somos el espejo en el que se reflejan las nuevas generaciones” . Como padre me siento con la enorme responsabilidad de ser mejor persona primero yo, para luego provocar que mis hijos también lo sean.


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