¿Por quien eres católico?

Este post tiene la intención de invitarte a reflexionar sobre dos cuestiones:

Primero… ¿Te has puesto a pensar quien es ese alguien que te invitó a la causa de Jesús y su Iglesia? Y segundo…

…¿Has sido tú el causante del catolicismo de alguien más?

Nada sucede en este mundo que no tenga como causa el impulso de algo o alguien más. Así como una piedra no se mueve de su lugar si no existe alguien que le cambie su posición, tampoco nuestra vida podría moverse en ninguna dirección si no existiese un motivo para hacerlo.

La gran diferencia es que mientras la piedra no puede elegir moverse, el ser humano si puede convertirse en su propia causa motora gracias a que Dios le ha provisto de libertad y voluntad de acción.

Así, el ser humano puede decidir moverse, por voluntad propia, hacia donde considere que le convenga más hacerlo.

Y es aquí en donde entra en el juego la participación de los otros seres (ajenos a nosotros) como motivo de nuestro propio movimiento.

Para saber lo que nos conviene, y entonces movernos hacia esa dirección, los hombres buscamos imitar esa conveniencia en nuestros semejantes. ¿Qué le ha funcionado bien a otros que también me pueda funcionar bien a mi? pareciera que nos preguntamos una y otra vez.

Los seres humanos nos movemos en gran medida por lo que vemos de bien el los otros. Queremos para nosotros el bien que vemos en los demás.

Así, salimos a la búsqueda de esos testimonios que nos ayuden a comprender mejor por que una persona opta por seguir cierto camino en vez de otro y si vemos que el bien seguido por la otra persona es verdadero y productivo, entonces lo seguimos también.

Es esta fuerza natural humana de buscar el bien lo que ha llevado al catolicismo a expandirse por toda la tierra a lo largo de la historia.

El amor de Jesucristo es un bien verdadero, profundo y completamente real. Y quienes le han seguido suelen presentarse ante nuestros ojos como esos grandes “testimonios” que  nos incitan a seguirlo también. Es por lo que hemos visto que este amor produce en quienes se han movido por élque nos atrevemos intentar ese camino también nosotros.

Así, quienes somos católicos, seguramente lo somos por causa del testimonio de alguien más. Existen muchas manera de introducir a alguien a una causa, enseñarla, predicarla y hasta imponerla, pero ninguna de estas es tan profunda y efectiva como la de “testimonear” dicha causa en vida propia.

Piénsalo bien…

Si en verdad eres un seguidor de Cristo es por que alguien te lo mostró primero en su testimonio de vida. Incluso puede ser que este testimonio lo hayas encontrado en alguien que ya no vive, o que vivió hace muchos años. O tal vez eres católico por que conoces a alguien que, siéndolo también, te incita a imitar sus pasos.

¿Por causa de quien eres católico? ¿Quien te regaló el amor de Cristo a ti?

Por consecuencia no nos queda más que reflexionar sobre la segunda premisa que te platee al inicio de la publicación y que es resultado inevitable de las anteriores reflexiones.

¿Serás tú la causa del catolicismo de alguien más?

¿Tu testimonio de vida es lo suficientemente luminoso como para que alguien más pueda encontrar a Cristo en ti?

No bastan más palabras para ahondar en esta cuestión. Por sí sola, esta pregunta es lo suficientemente clara para que analices tu compromiso con el bien y la verdad.

Cristo se transmite persona a persona a través del testimonio. Punto.

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