Parábola navideña

Había una vez dos hermanos que vivían cada uno en un terreno separados  por un río.

Cierto día los dos hermanos tuvieron un altercado severo que los distanció de tal manera que decidieron no dirigirse la palabra nunca más.

Uno de ellos, enfurecido  y lleno de rencor mandó traer a un carpintero al que le dio las siguientes instrucciones:

“En aquel terreno contiguo vive mi hermano al que tanto odio. Así que  te pido de favor que vayas a mi granero, tomes toda la madera que necesites y la utilices para construir algo entre los dos terrenos que evite que tenga que volver a ver a mi hermano cuando yo salga a mi jardín”

El carpintero le dijo que haría lo que estuviera en sus manos por ayudarle a resolver aquella cuestión.

Pasaron un par de días y el hermano que había contratado al carpintero regresó para revisar el trabajo final.

Grande fue su sorpresa cuando vio que ninguna barda había sido construida en el perímetro de los terrenos.

“¡Oigame carpintero perezoso!” le dijo el hombre visiblemente enojado “¿Por que no ha levantado ni un metro de barda en el límite de los terrenos ? ¿Que acaso no ha trabajado nada en el transcurso de estos dos días?”

“Desde luego que he trabajado arduamente” le dijo el carpintero

“Yo me comprometí con usted a ayudarle a resolver la cuestión con su hermano y eso es lo que he estado haciendo. Durante todo este tiempo he construido justo lo que necesita para solucionar su problema familiar”

Tomándolo de la mano, encaminó al hombre hasta el lugar en donde había estado trabajando día y noche por los pasados dos días…

Llegando a cierto punto del terreno levantó la mano y apuntando hacia el río le dijo a su contratante:

“Lo que usted necesita, mi querido amigo, no es una barda que le aleje de su hermano, sino algo que en verdad solucione su problema de fondo”

y apuntando con el dedo, le mostró justo el lugar en donde había construido un hermoso puente que unía en el lado más angosto de río los dos terrenos.

El hombre que contrató el trabajo quedó sorprendido por la sugerencia del carpintero, pero lejos de enojarse por la rebeldía de este entendió completamente su solución.

Así que pagando con creces el trabajo realizado por el carpintero, el hombre dirigió al puente nuevo con la firme intensión de cruzar al otro terreno, el de su hermano, pedirle perdón y volverse a reencontrar con él.

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