Me falta mi misa

30 noviembre 2010

Estimado lectores, debo reconocer que llevo dos domingos sin poder asistir a misa….

Si bien reconozco que las razones son completamente imputables a mi falta de capacidad de organizar y priorizar  mis actividades dominicales, también es cierto que nunca hay razones suficientes para justificar que lo importante se haga en primer lugar.

Me siento vacío, como si hubiera dejado de hacer algo que se encargaba de llenar mi tanque de gasolina cada semana.

Pero no se diga más… este fin de semana regreso desde ya a la casa del Señor.

(¿Será por eso también que he dejado de ser constante en mi blog?)

Para un católico la misa dominical es el alimento del alma, y cuando no recibe ese alimento el hambre espiritual empieza a manifestarse para reclamar lo suyo, lo que le alimenta el corazón.

Si, me siento con hambre… hambre de volver al pan de vida eterna. Pero este fin de semana, sin pretexto alguno, regreso a casa, a la casa del Señor.


Sobre el uso de anticonceptivos

29 noviembre 2010

Vaya que si han surgido opiniones con respecto a las declaraciones del Papa Benedicto XVI con respecto al uso permitido o no de métodos anticonceptivos para prevenir enfermedades de transmisión sexual.

Por lo mismo me siento con las ganas de emitir también mi opinión al respecto…

El tema de los métodos anticonceptivos usados durante el acto sexual es uno de esos tópicos que siempre generan controversia entre los distintos sectores de la sociedad. La sexualidad, al ser un asunto plenamente natural a la identidad del hombre, se presenta como algo en lo cual, la más mínima opinión de cualquier persona nos atañe de inmediato.

Si alguien dice que debemos de vivir nuestra sexualidad de un modo en particular, nos sentimos aludidos directamente, si alguien propone otra cosa, nos sentimos igualmente aludidos. Incluso si alguien decide no hablar al respecto, también nos despierta una reacción en particular. La sexualidad es natural al ser vivo (no solo al ser humano) y como tal nos concierne a todos tenerla en cuenta como un asunto de formación primordial.

Pues bien, dicho lo anterior, paso a comentar mi postura al respecto de los métodos artificiales de anticoncepción sexual. Hablemos específicamente del condón.

1.- Yo, como miembro de la Iglesia Católica, no estoy radicalmente en contra del uso del condón. Es más, me atrevo a decir que es obligatorio que se use  en un caso en particular: “Cuando el individuo decida no ejercer su sexualidad de manera responsable”

2.- Yo, como miembro de la Iglesia Católica, tengo como primer labor la promoción del uso responsable de la sexualidad. Ese es mi verdadero enfoque de predicación moral. Esto quiere decir que más que promover medios para tratar de evitar y curar consecuencias (enfermedades y embarazos) mejor prefiero centrarme en promover medios para promover la responsabilidad.

3.- Si a pesar de todos los esfuerzos que podamos hacer en la Iglesia por promover una sexualidad responsable (entendida sólo dentro del contexto del verdadero amor humano), resulta que aún existen personas que desean (libremente o no) hacer caso omiso de estas enseñanzas  y jugar con el riesgo y las consecuencias que el mal uso de la sexualidad pueda ocasionar (el SIDA como la más peligrosa de ellas) entonces…. si se recomendará el uso del condón.

4.- Pero para quienes si deseen vivir a plenitud su sexualidad, es decir, practicada tal y como Dios la pensó en el ser humano (como consecuencia del amor filial más grande y enriquecedor de la dignidad), entonces la Iglesia no necesitará ni siquiera hablarles de condones y anticonceptivos ya que estos no le serán necesarios. La sexualidad natural, plena y dignificante no requiere de ninguna protección. Quien se entrega por amor (no por sentimiento o pasión) no necesita protegerse de nada ya que la confianza en el ser amado constituye la única fuente de seguridad.

5.- Por lo mismo…. apoyo al Papa Benedicto XVI cuando dice que “en el caso de algunos individuos, como cuando una prostituta usa un condón, ese puede ser el primer paso en la dirección de la moralidad y de asumir responsabilidad”. La prostitución es, desde todos los puntos de vista posibles, una manifestación irresponsable del uso de la sexualidad, por eso si, a pesar de que la Iglesia invita a asumir responsablemente lo contrario, aún existen personas decididas a no hacerle caso… entonces si que el condón puede ser un medio para por lo menos asegurarle su vida.

Dios y Cristo nunca hablaron de condones y demás preservativos, es cierto, por lo tanto su discusión es un asunto completamente contemporáneo que es bueno poner sobre la mesa. Pero eso no implica que también olvidemos aquello de lo que Dios y Jesucristo si han hablado por siempre: el amor verdadero.

En conclusión: Si vas a hacer uso irresponsable de tu sexualidad (usa condón), si por el contrario, prefieres  hacer uso responsable de ella (con el amor te basta)

Y con respecto al amor concluyo diciéndoles que en verdad yo no descubrí lo que verdaderamente era mi religión y el por qué de sus doctrinas, hasta que no me di la oportunidad de estudiar primero lo que en verdad significa “amar”.

Por el amor es por donde debemos de empezar todo diálogo moral… Lo demás es una mera consecuencia de la obediencia o no a este gran valor universal.


Los hábitos (II)

23 noviembre 2010

Continuemos con el tema de los hábitos…

¿Cómo incorporar un hábito a nuestras vidas?

Solo conozco un método…

¡Intentarlo!

Si… así tal cual lo digo. Un hábito se logra desarrollar de manera efectiva (sea para bien o para mal) sólo con la práctica del mismo.

El fumador se hizo vicioso sólo cuando probó el primer cigarro, antes de eso, el vicio del cigarro le era completamente ajeno a su persona. Solo hasta que ejercitó la acción de fumar por primera vez, fue que el hábito malo de fumar se despertó en su interior.

Pero la gran ventaja es que este método, no solo funciona para hábitos malos, sino también para los hábitos buenos. El deportista que se levanta todas las mañanas a correr empezó a incorporar este hábito bueno cuando salió a correr por primera vez, antes essa virtud estaba desactivada en su persona.

Por lo mismo, la única manera de incorporar un hábito en nuestras vidas es, de hecho, intentando incorporarlo.

Ahora bien… entiendo que decirlo es más fácil que hacerlo. ¡Lo se por experiencia propia!

Lamentablemente, los vicios suelen ser más fáciles de practicar que las virtudes (por eso los hombres virtuosos son más admirados que los viciosos), por lo que no solo hace falta  tener una firme voluntad de hacer el bien una sola vez. La clave de la virtud, está en la practica constante del bien que la forma, y eso es lo que la hace a la virutd tan difícil pero  interesante a la vez.

En lo personal considero que el primer hábito que deberíamos de desarrollar, antes que cualquier otro, es… el de la oración.

Orar habitualmente nos facilitará la incorporación de otras virtudes posteriores ¿Por qué? Por que orar es disponer el alma para hacer el bien, incluso antes de hacerlo.

Por eso te recomiendo lo siguiente:

1.- Compra un calendario en el que puedas ver de manera fácil todos los días del próximo mes (30 días)

2.- Escoge una o varias oraciones que te signifiquen especial interés en tu vida. Recomiendo la oración de la serenidad, acompañada con un Padre Nuestro y un Ave María para quienes quieren empezar.

3.- Escoge un horario y un lugar de tu casa en el que rezarás dicha oración todos los días durante los próximos 30 días.

4.- Anota en el calendario una “palomita” en el día en que cumplas con tal actividad y una “cruz” el día en que no cumplas con dicha actividad.

5.- Al terminar los 30 días, si lograste tener al menos el 90% de los días cumplidos con dicha actividad de rezo, entonces proponte, para el mes siguiente, continuar con dicha actividad (hábito bueno) y ahora incorporar algún otro hábito nuevo.

Te aseguro que la incorporación del nuevo hábito en tu vida, una vez incorporado el hábito de la oración, te resultará más fácil ahora que si lo hubieras intentado desarrollar sin el de la oración.

Este es mi secreto… rezar de manera habitual (como hábito) para luego intentar practicar algún otro hábito bueno en mi vida.

Suele pasar que cuando dejo de rezar, por alguna razón también me resulta mucho muy difícil seguir con los demás hábitos positivos que ya había incorporado en mi persona.

Como católico lo recomiendo así… primer el hábito de la oración y luego cualquier otro hábito más.


Los hábitos…

22 noviembre 2010

Desde hace tiempo que tengo ganas de hablar del tema de los hábitos. ¿Por qué? Por que creo que son uno de los elementos más formidables de lograr la santidad.

Es más, me atrevo a decir que el que es santo, lo es no por su nivel de espiritualidad, sino más bien por los hábitos que ha incorporado a su vida.

Empecemos por responder ¿Qué es un hábito?

Un hábito, sin más complicaciones, es una acción que realizamos de manera rutinaria y sin esfuerzo.

Esto quiere decir que es toda aquella acción que repetimos una y otra vez de manera “habitual” (de ahí toma su nombre) debido a que la hemos incorporado como parte de nuestra propia forma de vivir cotidiano.

Despertarte a una misma hora”, “hablar usando una misma muletilla”, “sentarte de una forma en particular”, “hablar de un determinado modo”, “observar siempre un determinado aspecto de una situación”, “tomar el lápiz de una misma forma”, “comer a un mismo ritmo en cada ocasión” etc… todos son ejemplos de actividades simples que, sin pensar demasiado en ellas, las realizamos de manera habitual, es decir, siempre igual.

Pero… ¿qué tienen que ver estos hábitos con la excelencia y el desarrollo humano?

Pues verán… Si los hábitos son buenos (nos llevan al bien) entonces les llamamos virtudes, pero si estos hábitos nos hacen daño (nos alejan del bien) se les conoce como vicios.

Un vicio es una acción que repetimos una y otra vez y que no aporta nada en beneficio de nuestra persona. “Fumar” , “Criticar y juzgar al prójimo”, “Comer o beber en exceso”, “Ser impuntual”, “Evadir culpas”, “Ver pornografía”, “lastimar con nuestras palabras”, son acciones que nos alejan del bien y nos denigran como seres humanos, por lo tanto son vicios que, al repetirlos una y otra vez, forman lo que se le conoce como “círculo vicioso”.

El fumador, por ejemplo, es alguien que entre más fuma, más se introduce en el vicio del cigarro. Así, el placer que le genera la acción de fumar un cigarro, lo único que hace es reforzar el mismo vicio en sí. El placer que encuentra en fumar le hace querer fumar más. Esto genera un círculo vicioso muy difícil de romper.

¿Qué hacer?

La única manera de enfrentar un círculo vicioso es convirtiéndolo en un “círculo virtuoso”, lo que implica empezar a ejercitar hábitos buenos que engendren más hábitos buenos.  En el caso del fumador, lo aconsejable es empezar a remplazar paulatinamente el vicio (hábito malo) con la práctica de una virtud (hábito bueno), por ejemplo, ejercicio.

Una virtud es toda actividad que realizada de manera constante (esta es la clave) nos hace mejores personas.  Por eso los antiguos griegos argumentaban que toda educación debía de enfocarse en lograr en el joven educando un ser de virtud.

Además, la práctica de las virtudes trae consigo un beneficio enormemente enriquecedor: la gente a tu alrededor lo empieza a notar de inmediato. Una persona virtuosa (que hace el bien de manera regular) de inmediato reluce en el mundo. Es la luz de la que  habla Jesús en el evangelio que no se puede esconder, sino más bien usar como guía de la verdad.

Por lo mismo hablo de los hábitos virtuosos como un medio de santidad, ya que incorporar de manera rutinaria acciones que me lleven al bien que Dios desea, es el camino más seguro de la salvación.

“Ayudar al prójimo”, “no juzgar y hablar sólo bien de mis semejantes”, “comer sanamente”, “rezar todos los días”, “asistir a misa todos los domingos”, “rezar cada noche con los hijos”, “reflexionar 10 minutos del evangelio todos los días”, “hacer ejercicio”, son acciones que nos hacen bien y nos llevan a la santidad.


Dios al despertar

20 noviembre 2010

Algo que tienen en común muchas órdenes religiosas (léase muchos de los sacerdotes que conocemos) es que todas tienen una pequeña oración especialmente pensada para iniciar el día.

Pero cuando me refiero a iniciar el día lo que quiero decir es, rezar como primerísima acción mental de la mañana. ¿Qué pasa por nuestra mente una vez que abrimos los ojos después del sueño?

Para ejemplificarles lo que les digo, les comparto el siguiente ejemplo:

Los Legionarios de Cristo, orden de la que he recibido la mayor parte de mi formación católica, acostumbran despertarse con la siguiente expresión:

“¡Cristo Rey Nuestro; venga tu reino!”

Lo que hacen es que el hermano (sacerdote) encargado de despertar a toda la comunidad lo hace ingresando a cada habitación diciendo: ¡Cristo Rey Nuestro! a lo que los recién despiertos sacerdotes responden: ¡Venga tu reino!

Otras órdenes tiene oraciones diferentes, pero todas tienen una forma especial de poner a Dios como primer pensamiento de la mañana.

La implementación de este hábito es algo muy recomendable en nuestras vidas, el que nuestro primer pensamiento de cada mañana sea ofrecido a Dios.

Yo lo que hago es poner una imagen de la virgen de Guadalupe y un crucifijo con la frase “Yo confío en ti” grabada en el mismo, en el lugar al que tengo que acudir a apagar el despertador cada mañana. Así me aseguro que las primeras imágenes que veo cada mañana son estas dos.

Pongamos a Dios como primer pensamiento. Estoy convencido que es un detalle que Él goza de sobremanera.


El hábito de mi blog…

17 noviembre 2010

Llevo varios días en que me ha resultado bastante complicado poder encontrar tiempo para sentarme a escribir en el blog, y les juro que siento como si una parte importante de mi mi estuviera faltando.

Qué importante y enriquecedor es para el ser humano formars hábitos de vida ¿no lo creen?

¡Que bueno! Que bueno que este blog ya se ha convertido en algo tan habitual en mi persona,  que ya siento su reclamo si no le hago caso por un par de días.

Pequeña lección del día de hoy… si dejar de hacer algo te empieza a incomodar, es por que ya es un hábito arraigado en ti.

Solo bastará reflexionar en lo siguiente:

¿Este hábito te lleva al bien? es una virtud ¿Este hábito te lleva al mal? Es un vicio.

Prometo profundizar un poco más al respecto más adelante.


¡Mi padecimiento…!

5 noviembre 2010

Debo confesarles que sufro de una rara enfermedad mental que parece  no tener cura…

Lo que sucede es que cada cierto tiempo, a veces muy seguido, sufro de lo que me ha dado por llamar… ¡Ataques filosóficos!

¿De que se trata esta rara enfermedad? Verán…

Puedo estar muy tranquilamente durmiendo, comiendo, trabajando, leyendo o haciendo cualquier actividad de mi cotidiana jornada…¡cuando de pronto y sin avisar una idea se me clava en la mente como un rayo!

“Vocación”, “Amor”, “Familia”, “Talento”, “Trascendencia”, “Iglesia”, “Humanidad”…y entonces como si una fuerza me poseyera sin permiso, mi mente empieza a desarrollar ideas, pensamientos, conclusiones, analogías y todo tipo de cavilaciones sobre estos términos…

En una ocasión iba yo en el metro, cuando de pronto me llegó uno de estos ataques filosóficos.

Recuerdo que la idea que se me vino sin mi permiso fue “Libertad”… mi mente comenzó a divagar y a generar ideas de cómo la libertad atañe al ser humano y a las organizaciones; ¿cómo puede un concepto tan humanista afectar la manera en que construimos una empresa o una comunidad? ; ¿qué tiene que ver la libertad con la manera en que formamos al ser humano?…

En eso estaba, cuando de pronto me percaté que me había bajado, sin darme cuenta, en una estación equivocada del metro. No se cómo llegué ahí, ni como decidí que lo debía hacer… pareciera que simplemente mi cuerpo tomó una decisión que mi mente no le ordenó… ¡Y cómo lo iba a hacer si esta estaba demasiado ocupada pensando en la libertad!

Sorprendido volví a tomar el metro y me re-dirigí a mi destino final correcto.

Esto de los ataques filosóficos es todo un asunto en mi vida… me despierta en la noche y me quita el sueño por varias horas, me hace tener que orillar el coche mientras manejo para tener que bajar ideas que yo no le he solicitado a mi mente a un papel,  e incluso en ocasiones me provoca que al iniciar la lectura de un libro de un determinado tema, acabe metido en google investigando sobre una palabra completamente diferente que se me puso enfrente… ¡No lo puedo controlar!

¿Que si tengo cura? mmmmm…. no lo creo. Creo que soy así y así me moriré.

Además, debo reconocer algo…

¡¡Me encanta que me suceda!! No quiero curarme jamás… Y aunque en ocasiones producto de estos ataques filosóficos da como resultado que yo acabe en una estación del metro diferente a la que yo quería,  la sensación de poder profundizar en una idea, en una palabra o en un pensamiento como lo hacían los antiguos griegos, es maravillosa.

Lo reconozco… Los ataques filosóficos son parte de mi ser y de mi vida… no los puedo evitar.

Se que en el fondo yo mismo los he provocado con mi actitud inquieta por encontrar la verdad… pero es una de esas consecuencias que voluntariamente acepto en honor a la misma palabra que los produce… “Filosofía” palabra que etimológicamente significa lo que en el fondo es el origen de mi rara enfermedad…el “amor a la sabiduría”.


A %d blogueros les gusta esto: