La salud

En estos momentos tengo noticias de que un amigo en Cristo se encuentra delicado de salud, por lo que me encantaría, amigos lectores, que me ayudaran a rezar un Padre Nuestro y un Ave María por la causa de esta persona y por la de todos aquellos que, estando en la misa situación de enfermedad, tienen la oportunidad de testimoniar a Cristo en carne propia.

Ánimo Eduardo!)

Quienes contamos con  un estado de cierto bienestar físico (salud), pocas veces reparamos en darnos cuenta cuan valioso es esta situación. Solemos esperar hasta que nos llega un aviso del cuerpo, que hacemos una pausa para pensar en la fragilidad de nuestro ser.

Pero encuentro algo interesantemente irónico en esta fragilidad humana.

Si bien nuestro cuerpo se presenta como un elemento endeble y expuesto a los embates del exterior y del tiempo, recordemos que el ser humano no es solamente cuerpo, sino también posee un alma y esta, al contrario del cuerpo que con el pasar de los años sucumbe ante sí, esta crece y se fortalece con el transcurso de la vida.

Mientras que nuestro cuerpo inevitablemente se deteriora con los años, nuestra alma se enriquece.

Pero lo más interesante de todo es justamente como en muchas ocasiones, la dolencia del cuerpo es la que magnifica el alma.

Me explico…

¿Cuantas veces no hemos sido testigos de  personas que tras haber pasado una enfermedad difícil se vuelven en testimonio de fe por la manera en que precisamente enfrentan esa dolencia?

En lo personal, he conocido a muchas personas que  en la enfermedad, fueron capaces de ser un testimonio de Dios y de amor.

Incluso podemos encontrar en la vida de muchos santos que la enfermedad de su cuerpo no hizo otra cosa que curar su alma.

Tenemos por ejemplo el caso de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los Jesuitas, quien a temprana edad sufrió un ataque infeccioso en una pierna que le provocó tener que cargar con un dolor en la misma por el resto de su vida, aún así llegó a ser santo.O quien puede olvidar a Juan Pablo II quien tras el atentado de muerte que sufrió en 1981, vio notablemente disminuida su capacidad física, pero increíblemente aumentada su fortaleza espiritual.

Nadie está exento de la falta de salud, en menor o mayor medida todos somos débiles corporalmente hablando, pero no así nuestra alma, la cual es la parte del “ser” encargada de sobrellevar justamente las fallas de lo físico.

Hoy yo rezo por dos cosas…

En primer lugar, por los que están enfermos. Para que Dios les ayude a encontrarle a través de su dolencia, y que por esto sean un testimonio de amor a través del dolor. Necesitamos muchos héroes de la enfermedad.

En segundo lugar, mis oraciones son por los que tenemos salud, par que sepamos observar en quienes nos están dando muestras de poder espiritual en la enfermedad el mensaje de Dios. Y así, poder ser dignos en la enfermedad que nos espera en el futuro sin lugar a dudas.

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