Deja para mañana lo que puedes hacer hoy…

(Esta es la tercera vez que escribo este post. La primera y la segunda versión desaparecieron misteriosamente de la memoria del publicador del blog… ¡Que miedo!)

Cuenta un relato bíblico que una vez regresaba el batallón de un ejército al campamento base tras haber librado una batalla bastante agotadora.

Los hombres que conformaban este batallón venían bastantes mermados por el calor y la sed.

El rey, que esperaba el regreso de su ejército en el campamento, salió para recibirles.

Al encontrarse con ellos, el rey observó que todos los hombres corrían desesperados hacia el río que cruzaba el campamento en busca del anhelada agua fresca. Uno a uno,  los soldados se zambullían frenéticamente en el agua bebiéndola a borbotones al mismo tiempo que se bañaban a placer en ella.

Así, el rey observó con asombro como todos los integrantes de su ejercito se abalanzaban sobre el agua, todos los hombres menos uno.

El rey miró fijamente a aquel hombre que no se abalanzó con desesperación al río, y con gran sorpresa vio que este simplemente se puso de rodillas a la orilla del mismo, hizo una cavidad con su mano y llevó con esta apenas un par de sorbos a su boca del vital líquido.

Traedme a ese hombre de inmediato” Exclamó el emperador “Lo haré el general máximo de mis ejércitos”.

“¿Por qué él?” Preguntaron sus asesores que le acompañaban.

A lo que el monarca respondió:

“Ese hombre, al igual que todos los demás integrantes de este batallón, viene atormentado por la sed más atroz. Pero a diferencia de los demás, no es esclavo de su necesidad, sino dueño de ella”

¿Qué es exactamente lo que vio el rey en aquel hombre?

La respuesta es contundente: CARÁCTER.

El carácter es esa fuerza desarrollada interiormente que nos lleva a saber posponer un bien inmediato por otro posterior. Es la capacidad de no dejarnos llevar por nuestros sentimientos y tendencias más primitivas (sed, agua, cansancio, ira,etc…)

Quien se deja llevar por la tentación de querer saciar todos los placeres y necesidades de hoy, se estará perdiendo de las delicias y beneficios de los bienes mayores del mañana.

Dicho lo anterior, podemos deducir que es el Carácter un pilar fundamental de la construcción de una vida de santidad, que nos invita a actuar en consecuencia de los bienes eternos prometidos por Dios, en lugar de los placeres arrebatadores de este mundo.

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