¿Te has dado cuenta lo difícil que es?

¿Les ha pasado que están participando en alguna reunión social y de pronto surge el tema de la religión? ¿Qué comenta la gente al respecto? ¿Qué postura toman ustedes? ¿Les es fácil asumir plenamente su fe enfrente de todos?

Debo reconocer que en la mayoría de los casos que yo me veo envuelto en este tipo de diálogos, parecería que me encuentro en un partido de fútbol en donde el rival juega con 11 elementos y en mi equipo estoy yo solo.

Ser católico y comportarse como tal en sociedad es muy difícil, incluso en un país tan religioso como el mío.

Tan difícil que yo mismo he sido derrotado por mí mismo, el ambiente me envuelve y no siempre puedo sostener con todas mis fuerzas mi bandera de Fe.

Y aunque me entristezco por mi debilidad, reconozco que el mismo Cristo siempre me ha levantado y me vuelve a poner en ritmo de batalla. Ya junto a Él, nuevamente emprendo de nuevo el camino, y logró ganar las guerras más difíciles.

Ayer, mi esposa y yo estábamos viendo una entrevista en televisión en que un periodista de espectáculos de bastante renombre hacía esfuerzos sobre humanos por tratar de entender el supuesto actuar extraño de su entrevistada, quien es una artista que a raíz de una fuerte experiencia personal decidió que quería cambiar radicalmente su vida hacia Cristo y su Iglesia.

El entrevistador le decía una y otra vez que “su nueva actitud” de vida era muy rara, e incluso le llegó a decir, entre risas, que por favor no le fuera a convencer a él de tomar la misma postura.

Debo reconocer que nuestra amiga, la artista entrevistada, hizo todo el esfuerzo posible por mantenerse en su postura de fe, pero en varias ocasiones le llegué a notar nerviosa e inquieta por no poder hacer comprender a su anfitrión su nuevo sentir espiritual.

No la juzgo. Yo me he sentido igual en múltiples ocasiones. Parecería que declararse fiel seguidor de los principios de Cristo y su Iglesia está completamente “fuera de moda”.

Decir que uno valora la virginidad prematrimonial, los valores tradicionales de la familia, el no estar a favor del aborto, el tratar de explicar el por qué no a los comportamientos homosexuales, el hablar bien de los sacerdotes santos de nuestras Iglesias, es algo que no suele ser comprendido ni aceptado fácilmente por la sociedad.

Por eso reconozco a todas aquellas personas que, como nuestra amiga entrevistada, han tomado la decisión de hacer público su testimonio de transformación espiritual, a pesar de que el mundo no esté listo para escucharlo.

¡No tengamos miedo! No se trata de que el mundo nos acepte a nosotros, sino a Cristo.

Si somos juzgados por amar a Cristo, no importa. Si como resultado de declarar nuestro amor y fidelidad al catolicismo somos excluídos de la moda, pues no importa tampoco.

Lo único que nos debe de guiar es la promesa de que nuestros esfuerzos y luchas en la tierra en favor de la verdad, se verán solo recompensados en el destino prometido que Dios nos tiene preparado a quienes hablamos en su nombre: el cielo.

(les pido disculpas si en el texto aparecen demasiados errores de escritura, pero esto de andar publicando a través de un teléfono celular no es lo más cómodo que uno puede encontrar)

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