La oración…

Si hay una imagen que me encanta del evangelio, es la que me muestra al Maestro como un ser de oración.

Son muchas las veces que podemos leer en el evangelio que “Jesús se apartó de la multitud para orar”.

Antes de salir a elegir a quienes serían sus apóstoles, Jesús preparo dicha elección con un tiempo de oración.

Tras haber predicado a las masas en la orilla de los lagos, el Señor toma una barca y se retira a la otra orilla para orar.

En el sermón de la montaña, Jesús nos enseña cómo hacer la oración perfecta.

Antes de morir, Jesús se adentra solitario en el huerto Getsemaní y entra en oración.

Y así, podemos encontrar la figura de un Jesús en oración a lo largo de todo el evangelio.

Esto nos muestra la importancia que Él, Dios hecho hombre,  le da a esta actividad que tanto solemos dejar de lado los creyentes de a pie.

La oración debería de estar a lo largo de todo nuestro día, 5 segundos, 30 segundos, 2 minutos, 30 minutos… no importa. Lo que se requiere es que no la dejemos de lado, que no la olvidemos.

Juan Pablo II oraba, y oraba mucho… La madre Teresa de Calcuta oraba gran parte de su día. Las biografías de todos los santos y mártires nos hablan de seres de oración.

¡El cristiano ora! Todo el tiempo.

¡Vamos! Retírate 5 minutos en tu día a un rincón aislado y tranquilo, cierra los ojos y comienza a dialogar con quien siempre está ahí para escucharte.

¿Que no estás acostumbrado a hacerlo?

Te doy un consejo que a mi me ha servido mucho para poder implementar el hábito de la oración en mi vida…

“Coloca una imagen de la Virgen, un crucifijo o cualquier símbolo religioso católico que te guste en un lugar estratégico que puedas ver todas la mañanas o la noches, un rincón de tu casa que te veas forzado a visitar en algún momento del día. Un escritorio, el costado de una puerta, un librero pueden ser ideales. Y cada vez que veas esta imagen, inmediatamente cierra los ojos y reza un padre nuestro y un ave María”

Yo tengo colocada una cruz en un cajón en donde coloco mis accesorios de vestir (anillo, reloj, billetera) y cada mañana, cuando me dirijo a este rincón para tomar estas pertenencias y veo este crucifijo, cierro los ojos, junto mis manos, agacho la cabeza y empiezo a rezar. Al llegar a mi oficina, tengo colocado un evangelio en un lugar estratégico para poderlo ver en cuanto me siento en mi escritorio y así, recuerdo que debo de hacer una pequeña reflexión de un pasaje del evangelio antes de comenzar a trabajar.

Esto me sirve a mi, pero el chiste es que tú encuentres maneras simples de recordarte a lo largo de todo el día que Dios te quiere escuchar y hablar de manera íntima.

Así que entrar en oración todos los días, es decirle a quien te creo… “Señor, aquí estoy, listo para construir tu reino junto a ti una vez más”.

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