El dinero y la felicidad

Uno de los grandes tópicos teológicos y filosóficos es aquel que discute la relación que existe entre  la generación de riqueza con el logro de la felicidad y la santidad.

En el mismo evangelio podemos leer que Jesucristo dice que “será más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos”. ¡Muy fuerte! ¿No lo creen?

¿Esto debería de implicar que renunciemos a toda posibilidad de generar riqueza? ¿Esto quiere decir que ser rico es malo y ser pobre es bueno? ¿Quien logra amasar grandes fortunas está condenado al infierno?

Lamentablemente muchas de las respuestas a estas preguntas suelen tener más un tinte medievalista que realista. El marxismo, por ejemplo, es una de esas terribles consecuencias producto de una radicalización en la interpretación de estos mensajes.

Analicemos un poco más a fondo la relación del dinero con la felicidad.

En su libro “La nueva felicidad. Lecciones de una nueva ciencia” el autor Richard Layard demuestra cómo el dinero sólo produce verdadera satisfacción y emoción cuando, al obtenerse, le permitirle a la persona salir inmediatamente de la pobreza. En cambio, cuando esta misma riqueza es generada por alguien que ya goza de cierta comodidad financiera, el grado de satisfacción obtenida es significativamente menor. En pocas palabras, el dinero solo produce felicidad  cuando este sirve para transformar radicalmente la calidad de vida de la persona que lo genera. Después de este punto, esta felicidad empieza a verse disminuida.

Si uno tiene la oportunidad de volverse rico, llegará un punto en que la generación de más y más riqueza ya no impactará significativamente en nuestra vida emocional, dado que el aumento en la calidad de vida que podemos seguir generando como consecuencia de esta obtención de riqueza ya no representará la oportunidad de alcanzar el estado de  bienestar mínimo indispensable para todo ser humano, sino simplemente el aumento de las posesiones materiales.

En este punto, en que el dinero ya no es un medio para obtener bienestar, sino simplemente para obtener bienes materiales, la relación dinero-felicidad deja de ser directamente  proporcional.

¿Cómo leer este esto?

Mientras el dinero esté al servicio de “El bien” en la persona, este producirá felicidad (satisfacción de estar en el camino correcto). Pero cuando este deja de cumplir dicha función (se puede llegara convertir en un problema para la felicidad).

¿Cómo entender entonces la relación Riqueza Económica – Felicidad? O más complejo aún, ¿con la santidad? ¿Pueden los ricos ser santos?

Desde luego que si. Recordemos que Jesus dijo que era “difícil” lograr la santidad de un rico, más no “imposible”.

Y como siempre resulta en el cristianismo, la clave está en “El Prójimo”.

El “Bien” al que nos referimos debe  de estar ligado la generación de riqueza es “El bien del prójimo”. Si acaso los seres humanos tenemos todo el derecho del mundo de poder usar nuestras capacidades y talentos para generar toda la riqueza que podamos de manera ética, no no es dado el derecho de hacer lo que queramos con ese dinero.

Si bien el camino de la riqueza puede resultar en más y mejores medios para sobrellevar la existencia en la tierra, también es un camino más propenso para perder el centro del alma.

Si por hacer más y más dinero, resulta que perdemos nuestro objetivo último que es “El Prójimo” entonces estaremos oscureciendo el alma a causa del dinero. Pero si por el otro lado, como consecuencia de hacernos de una gran fortuna, reconocemos que esta viene permitida por Dios y como tal respondemos ayudando a construir su Reino en la tierra con dicha fortuna, pues entonces puedo estar tranquilo de que mi camello si estará pasando por el ojo de la aguja.

En conclusión, no nos confundamos tanto. El secreto está en analizar que tanto la generación de riqueza nos acerca o nos aleja más de Dios a través del amor al prójimo. Punto.

Si el dinero te acerca más y más a Él, haz tanto dinero como puedas. Pero si el dinero te aleja del Creador de todo el universo, entonces más te vale que te vayas deshaciendo ahora mismo de tus monedas y billetes.

No somos poseedores de la riqueza en la tierra, simplemente administradores de la misma y como tal habremos de rendir cuentas sobre la manera en que la invertimos.  Y si no me crees, respóndeme a la siguiente pregunta… ¿Cuanto de ese dinero te podrás llevar a la otra vida? y en cambio ¿Cuantas almas beneficiadas abogarán por ti en el momento de rendir cuentas en la otra vida?

Así como para viajar al extranjero sueles necesitar de hacerte de dólares para tenerlos como moneda de cambio, en el cielo, la moneda de cambio solicitada se mide en “almas llevadas a Dios”.

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