D x D

28 julio 2010

Esta sección tiene como misión poner a la creatividad al servicio de matrimonio. Pensando en la misión que los esposos tenemos de conquistar “Día a Dia” (DxD) a nuestras esposas, sirva este espacio para exponer ideas y sugerencias creativas para llevar a cabo detalles en sus matrimonios. Siéntanse con la libertad de utilizar estas propuestas para el beneficio de su vida matrimonial o de enviar sus propias ideas a diariodeuncatolico@gmail.com

TE OMA…

No, no me equivoqué al intentar escribir “Te amo”. Lo que sucede es que mi esposa y yo así nos decimos el uno al otro para significar que lo que sentimos entre nosotros, es aún mejor y más grande que decir “Te amo”, por lo que nos decimos “TE OMA”.

Este es mi consejo el día de hoy: encuentren, tu y tu pareja,  una manera simbólica de expresarse el amor que sienten entre ustedes y comiencen a implementarlo en su comunicación diaria. Incluso enfrente de sus amistades, y  cuando estas pregunten… “¿Qué significa eso que se dicen?” responderán lo mismo que mi esposa y yo decimos… Es que para nosotros “Más que amar… te oma”.


La oración…

27 julio 2010

Si hay una imagen que me encanta del evangelio, es la que me muestra al Maestro como un ser de oración.

Son muchas las veces que podemos leer en el evangelio que “Jesús se apartó de la multitud para orar”.

Antes de salir a elegir a quienes serían sus apóstoles, Jesús preparo dicha elección con un tiempo de oración.

Tras haber predicado a las masas en la orilla de los lagos, el Señor toma una barca y se retira a la otra orilla para orar.

En el sermón de la montaña, Jesús nos enseña cómo hacer la oración perfecta.

Antes de morir, Jesús se adentra solitario en el huerto Getsemaní y entra en oración.

Y así, podemos encontrar la figura de un Jesús en oración a lo largo de todo el evangelio.

Esto nos muestra la importancia que Él, Dios hecho hombre,  le da a esta actividad que tanto solemos dejar de lado los creyentes de a pie.

La oración debería de estar a lo largo de todo nuestro día, 5 segundos, 30 segundos, 2 minutos, 30 minutos… no importa. Lo que se requiere es que no la dejemos de lado, que no la olvidemos.

Juan Pablo II oraba, y oraba mucho… La madre Teresa de Calcuta oraba gran parte de su día. Las biografías de todos los santos y mártires nos hablan de seres de oración.

¡El cristiano ora! Todo el tiempo.

¡Vamos! Retírate 5 minutos en tu día a un rincón aislado y tranquilo, cierra los ojos y comienza a dialogar con quien siempre está ahí para escucharte.

¿Que no estás acostumbrado a hacerlo?

Te doy un consejo que a mi me ha servido mucho para poder implementar el hábito de la oración en mi vida…

“Coloca una imagen de la Virgen, un crucifijo o cualquier símbolo religioso católico que te guste en un lugar estratégico que puedas ver todas la mañanas o la noches, un rincón de tu casa que te veas forzado a visitar en algún momento del día. Un escritorio, el costado de una puerta, un librero pueden ser ideales. Y cada vez que veas esta imagen, inmediatamente cierra los ojos y reza un padre nuestro y un ave María”

Yo tengo colocada una cruz en un cajón en donde coloco mis accesorios de vestir (anillo, reloj, billetera) y cada mañana, cuando me dirijo a este rincón para tomar estas pertenencias y veo este crucifijo, cierro los ojos, junto mis manos, agacho la cabeza y empiezo a rezar. Al llegar a mi oficina, tengo colocado un evangelio en un lugar estratégico para poderlo ver en cuanto me siento en mi escritorio y así, recuerdo que debo de hacer una pequeña reflexión de un pasaje del evangelio antes de comenzar a trabajar.

Esto me sirve a mi, pero el chiste es que tú encuentres maneras simples de recordarte a lo largo de todo el día que Dios te quiere escuchar y hablar de manera íntima.

Así que entrar en oración todos los días, es decirle a quien te creo… “Señor, aquí estoy, listo para construir tu reino junto a ti una vez más”.


¿Quién es Jesús?

23 julio 2010

Muy bien… ha llegado la hora de preguntarnos seriamente ¿Quien es para nosotros verdaderamente ese tal Jesús de Nazaret?

Este reflexión la hago derivada de mi encuentro hace uno par de semanas con una de esas hojitas maravillosas que llevan como título “El día del Señor” y que se reparten los domingos en misa par poder seguir con ella las lecturas de la liturgia. Quienes las han tenido en sus manos, seguramente habrán notado que en la parte de atrás de estos pequeños dípticos, viene impresa siempre una reflexión sobre el evangelio dominical en turno.

Pues bien, hace un par de domingos me ha gustado tanto esta reflexión, que decidí que me permitiría llevar a casa dicha hojita para poder transmitir dicho texto por esta vía a todos los lectores que no lo hubieran notado en misa.

Esta hoja me acompañó durante varios días en la bolsa de mi camisa, hasta que por fin el día de hoy cumplo con esta tarea de transcribir dicho mensaje…

“Para ti, ¿quien soy yo?

“Ya se que para muchos hombres y mujeres, yo soy… mejor dicho, no soy, no existo o, al menos, ellos y ellas actúan como si yo no existiera…”

” Ya se que para el teatro y la televisión soy una -Superestrella-“

“Ya se que en muchos lugares soy un solemne desconocido”

“Ya se que, según la Constitución, en México no tengo ni acta de nacimiento, ni credencial de elector… ni vela en ningún entierro”

“Ya se que para algunos soy un poquito más que Pancho Villa, que Emiliano Zapata o el Che Guevara”

“Pero lo que este domingo importa mucho es saber… ¿Quién soy para ti?”

“¿Un simple conocido de la infancia?”

“¿Un clavo ardiendo del cual agarrarse cuando los problemas aprietan?”

“¿Un verdadero amigo, en las buenas y en las malas?”

“¿Una mera costumbre dominical?”

“¿Alguien por el cual – y, claro, con el cual- vale la pena cambiar de vida?”

“¿Alguien digno de imitación práctica: en la casa, en el trabajo, en la sociedad?”

“¿Alguien que pueda darle un sentido a tu vida?”

“Para ti, ¿Quien soy yo en la realidad cotidiana de tu vida?”

Fuente: Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C (www.buenaprensa.com)

Reflexionando sobre el final

22 julio 2010

Me resulta maravillosos lo mucho que me puede hacer reflexionar un determinado pasaje del evangelio.

Hace unos momentos, como parte de mi lectura evangélica habitual de cada mañana, leí el pasaje en donde Jesús nos transmite la parábola de un hombre rico que busca desesperadamente la manera de poder almacenar más y más granos de su cosecha, hasta el punto de decidir que la mejor opción es destruir sus actuales molinos para poder construir unos más grandes. Esto era lo que ocupaba la mente de aquel personaje, mientras Dios decía… “¡Insensato! No sabe que esta noche le van a reclamar su alma, y lo que has acaparado ¿para quien será?” (Lc, 12: 16-21)

Esta simple frase evangélica “…esta noche le van a reclamar su alma” fue la que me puso a meditar seriamente.

¿Qué pasaría si mi llamado a rendir cuentas fuera hoy en la noche?

¿Qué si mi tiempo ya llegó a su límite final?

¿En qué cambiaría saber tal cosa mi actitud el día de hoy?

Debo admitir que mientras reflexionaba sobre esto mi cuerpo se llenó de cierta angustia y melancolía. De pronto pasaron por mis ojos los rostros de varias personas que quisiera nunca dejar de ver, entre ellas mi esposa y mis hijos, así como mis padres y mi hermana. Son prácticamente todo lo que poseo de verdadero valor en este mundo.

Pero también comencé a pensar en cómo sería mi día final si en verdad supiera que estoy viviéndolo.

Aquí las cosas que haría en mis últimas horas de vida:

– Dejaría mis labores de oficina y me dirigiría inmediatamente a abrazar y besar a mi familia por última vez.

– Dedicaría una hora del día a platicar con mis seres queridos sobre lo feliz que estoy de haber sido parte de su vida.

– Incitaría a cualquier persona que me encontrara en el camino a que verdaderamente intentara ser tan grandes y maravillosos como Dios quiere que sean.

– Escribiría un último post de despedida en este blog el cual hablaría sobre lo mucho que Dios nos ama y de lo maravillosa que es ansiar el encuentro con el Creador.

– Grabaría un video de despedida para que pueda ser visto por futuras generaciones. En él mencionaría que solo vale la pena morir por Dios.

– Dedicaría una o dos horas de mi último día a rezar en la Iglesia para preparar mi alma para el encuentro con Dios.

– Me confesaría por última vez (sería la confesión más profunda de mi vida)

– Me dedicaría a amar a mi esposa (servirle) y a pedirle que vele por su santidad y por la de mis hijos.

– Para terminar… buscaría un lugar especial para ver salir el sol y así entregarle mi alma a Jesucristo rezando el rosario. ¡Eso sería genial! Ojalá y la muerte me tome rezando el rosario.

Lo más interesante de todo es que en ningún momento pensé en que estaría triste y deprimido. Más bien me imaginé que tendría una actitud como de quien le han informado de último minuto que por fin ha sido aceptado en la organización o club de sus sueños.

En serio, no temería de que ese día llegara, más bien me entusiasmaría saber que ya ha llegado el momento que tanto esperé.

Lo que más me sorprende de esta reflexión, es darme cuenta de lo mucho que el tema espiritual tomaría importancia en mi vida si esta se fuera a terminar hoy en la noche. ¿Por que esperar hasta ese día? ¿Acaso tengo la posibilidad de saber cuando será ese día?

¿Y si en verdad fuera hoy?

Pues no me queda más que decir… “Hágase Señor tu voluntad y no la mía”. Cuando tú lo digas Padre, siempre estaré listo.


El dinero y la felicidad

21 julio 2010

Uno de los grandes tópicos teológicos y filosóficos es aquel que discute la relación que existe entre  la generación de riqueza con el logro de la felicidad y la santidad.

En el mismo evangelio podemos leer que Jesucristo dice que “será más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos”. ¡Muy fuerte! ¿No lo creen?

¿Esto debería de implicar que renunciemos a toda posibilidad de generar riqueza? ¿Esto quiere decir que ser rico es malo y ser pobre es bueno? ¿Quien logra amasar grandes fortunas está condenado al infierno?

Lamentablemente muchas de las respuestas a estas preguntas suelen tener más un tinte medievalista que realista. El marxismo, por ejemplo, es una de esas terribles consecuencias producto de una radicalización en la interpretación de estos mensajes.

Analicemos un poco más a fondo la relación del dinero con la felicidad.

En su libro “La nueva felicidad. Lecciones de una nueva ciencia” el autor Richard Layard demuestra cómo el dinero sólo produce verdadera satisfacción y emoción cuando, al obtenerse, le permitirle a la persona salir inmediatamente de la pobreza. En cambio, cuando esta misma riqueza es generada por alguien que ya goza de cierta comodidad financiera, el grado de satisfacción obtenida es significativamente menor. En pocas palabras, el dinero solo produce felicidad  cuando este sirve para transformar radicalmente la calidad de vida de la persona que lo genera. Después de este punto, esta felicidad empieza a verse disminuida.

Si uno tiene la oportunidad de volverse rico, llegará un punto en que la generación de más y más riqueza ya no impactará significativamente en nuestra vida emocional, dado que el aumento en la calidad de vida que podemos seguir generando como consecuencia de esta obtención de riqueza ya no representará la oportunidad de alcanzar el estado de  bienestar mínimo indispensable para todo ser humano, sino simplemente el aumento de las posesiones materiales.

En este punto, en que el dinero ya no es un medio para obtener bienestar, sino simplemente para obtener bienes materiales, la relación dinero-felicidad deja de ser directamente  proporcional.

¿Cómo leer este esto?

Mientras el dinero esté al servicio de “El bien” en la persona, este producirá felicidad (satisfacción de estar en el camino correcto). Pero cuando este deja de cumplir dicha función (se puede llegara convertir en un problema para la felicidad).

¿Cómo entender entonces la relación Riqueza Económica – Felicidad? O más complejo aún, ¿con la santidad? ¿Pueden los ricos ser santos?

Desde luego que si. Recordemos que Jesus dijo que era “difícil” lograr la santidad de un rico, más no “imposible”.

Y como siempre resulta en el cristianismo, la clave está en “El Prójimo”.

El “Bien” al que nos referimos debe  de estar ligado la generación de riqueza es “El bien del prójimo”. Si acaso los seres humanos tenemos todo el derecho del mundo de poder usar nuestras capacidades y talentos para generar toda la riqueza que podamos de manera ética, no no es dado el derecho de hacer lo que queramos con ese dinero.

Si bien el camino de la riqueza puede resultar en más y mejores medios para sobrellevar la existencia en la tierra, también es un camino más propenso para perder el centro del alma.

Si por hacer más y más dinero, resulta que perdemos nuestro objetivo último que es “El Prójimo” entonces estaremos oscureciendo el alma a causa del dinero. Pero si por el otro lado, como consecuencia de hacernos de una gran fortuna, reconocemos que esta viene permitida por Dios y como tal respondemos ayudando a construir su Reino en la tierra con dicha fortuna, pues entonces puedo estar tranquilo de que mi camello si estará pasando por el ojo de la aguja.

En conclusión, no nos confundamos tanto. El secreto está en analizar que tanto la generación de riqueza nos acerca o nos aleja más de Dios a través del amor al prójimo. Punto.

Si el dinero te acerca más y más a Él, haz tanto dinero como puedas. Pero si el dinero te aleja del Creador de todo el universo, entonces más te vale que te vayas deshaciendo ahora mismo de tus monedas y billetes.

No somos poseedores de la riqueza en la tierra, simplemente administradores de la misma y como tal habremos de rendir cuentas sobre la manera en que la invertimos.  Y si no me crees, respóndeme a la siguiente pregunta… ¿Cuanto de ese dinero te podrás llevar a la otra vida? y en cambio ¿Cuantas almas beneficiadas abogarán por ti en el momento de rendir cuentas en la otra vida?

Así como para viajar al extranjero sueles necesitar de hacerte de dólares para tenerlos como moneda de cambio, en el cielo, la moneda de cambio solicitada se mide en “almas llevadas a Dios”.


Al inicio del día

18 julio 2010

Hoy, en misa, le pedí mucho a Dios que me ayudara a dilucidar ciertos asuntos que traigo en mente desde hace tiempo y que me causan mucha inquietud.

Ya saben, de esos asuntos que pueden no significar mucho en el mundo exterior, pero que son vitales en el interior de nuestro propio mundo.

Y es por eso que acudo a quien siempre puede entenderme en ese rincón de mi alma, en mi interior.

Pues bien, la respuesta de Dios a mis peticiones fue: “Ofréceme el día” o lo que es lo mismo “Oración como primer actividad de la mañana”.

Eso haré. Desde mañana retomaré mis oraciones de la mañana, acción que he dejado bastante relegada desde hace tiempo.

Invocación al Espíritu Santo, un Ave María, un Padre Nuestro, 5 minutos de reflexión en silencio y un Gloria… ¡¡¡Y a comenzar el día!!!

Siempre he tenido la impresión que a Dios le fascinan las oraciones que se acompañan con las primeras luces del sol. Es como si los primeros diálogos del día con el Creador fueran especiales por esforzados y madrugadores.

Pues mañana retomo esa labor y espero poder ser perseverante. (Reconozco que no me resulta nada fácil lo de madrugar, pero me imagino que eso le da un mayor mérito a dicha actividad ante los ojos de Dios)


Oye Papá (X)

15 julio 2010

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá… ¿Cual es exactamente la labor de un obispo ?

Papá: Ah! Los obispos son fundamentales en la estructura de nuestra Iglesia. Ellos son, en una manera muy simple de entender, los sucesores de los apóstoles de Jesús. Es decir,  son los encargados últimos de continuar con la misión evangelizadora que nos dejó Jesús en el mundo.

Hijo: ¿Y si a los apóstoles los eligió Jesús en su momento, quien elige a los obispos ahora?

Papá: A los obispos los elige a quien Jesús estipuló debería de ser el líder de todos los apóstoles y futuros obispos, el apóstol Pedro y su respectivo sucesor, el Papa, quien de hecho es el obispo de Roma.

Hijo: O sea que el Papa es quien nombra a los obispos.

Papá: Si, y además les designa cual será su territorio de gobierno (jurisdicción) o lo que es lo mismo, su diócesis. Un Obispo es el líder de una diócesis o territorio diocesano.  Y al igual que en un país, existen gobernadores que regulan y velan por el bien de un determinado territorio, los obispos están repartidos por todo el mundo liderando los distintos territorios del planeta en donde habitan los católicos.

Hijo: ¿Cuantos obispos hay en el mundo?

Papá: Casi 5,000 pero es un dato que varía constantemente pues el Papa ordena obispos constantemente y reorganiza las diócesis según sea más conveniente para hacer más eficiente  la labor pastoral de una región o país.

Hijo: Entonces podemos decir que ser un obispo es una gran responsabilidad ¿no es así?

Papá: Desde luego. Tienen en sus manos las decisiones que harán que los fieles de su diócesis se acerquen más a Cristo y a sus preceptos. Es por eso que el obispo es la autoridad máxima a la que los sacerdotes acuden para conocer cuales son las disposiciones a seguir para su trabajo pastoral diario.

Hijo: ¿Y los obispos también imparten sacramentos como cualquier sacerdote?

Papá: Si,  nunca dejan de ser sacerdotes y como tal no dejan de preocuparse por atender a los fieles directamente, aunque la gran mayoría dedica más tiempo a intentar lograr que sean los sacerdotes que dependen de ellos, quienes se vuelvan más eficientes y capacitados para cumplir mejor la función de la atención directa a los católicos del mundo.

Hijo: ¿Y  también ofician misa?

Papá: Desde luego, como sacerdotes que son no pueden dejar de hacerlo. De hecho, las catedrales son los templos a donde normalmente acudimos los católicos para escucharles oficiar la santa misa. Las catedrales son las sedes espirituales y físicas desde donde trabajan sacramentalmente los obispos.

Hijo: Que interesante Papá…

Papá: Así es hijo, la Iglesia está gobernada por el conjunto de todos los obispos del mundo a quienes a su vez dirige y lidera el obispo de Roma, el Papa.

Hijo: Recemos por ellos papá. Para que puedan hacer bien su trabajo.

Papá: Es de suma importancia hacerlo, ya que su ejemplo y santidad es indispensable para lograr la implementación del Reino de Dios en la tierra.

Hijo: Vayamos de regreso a casa a decirle a mamá que el próximo domingo iremos a misa a la catedral para aprender directamente de nuestro obispo la palabra de Dios.

Papá: Me parece una excelente idea.


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