La educación de un católico

Recuerdo que hace tiempo  dialogaba con un vecino sobre su fe.

Este amigo decía que aunque él decía ser católico, la verdad es que no era practicante de dicha religión en lo absoluto.

Al indagar en sus razones para expresar tal posición me contestó:

“La verdad es que a mi me enseñaron a ser católico un poco a la fuerza, ya que tanto en mi familia como en mi escuela era la norma más usual, pero cuando tuve la oportunidad de elegir por mi mismo pues ya no le vi tanto caso seguir con dicha imposición”

Después de dialogar otra rato  más con este amigo, caí en cuenta de que su afirmación describía claramente lo que actualmente sucede con millones de personas en el mundo que, aunque dicen ser católicos, en la realidad y en la práctica no lo son.

¿Que pasa? ¿Qué estamos haciendo mal para que esto suceda así?

Si bien, la libertad del ser humano es la principal fuente de responsabilidad de nuestros actos, no podemos dejar de lado que los hombres también somos el resultado del contexto y el ambiente en que fuimos formados.

Por lo mismo, a mi parecer la respuesta a esta cuestión de incoherencia espiritual pasa en gran medida por la siguiente vía: La educación católica en el mundo.

Si algo definitivamente podríamos hacer mejor los católicos es educar, justamente, a nuestros  mismos católicos.

¿Cuantos de ustedes no quisieran haber sido enseñados y capacitados mucho mejor en su fe? Eso considerando que tuvieron acceso a dicha educación, pues la mayoría de personas en el mundo jamás escucharon hablar de Dios en sus escuelas ¿Cuantos de ustedes, al igual que mi vecino, sintieron que la religión les fue impuesta más que enseñada?

Muchos de los católicos que fuimos educados precisamente en escuelas católicas, supimos lo que es aprender catecismo y religión por la vía tradicional de enseñanza. Un profesor  (catequista) te expone verbalmente todo lo que debes saber sobre tu religión entregándote libros y decenas de hojas con dicha información. Te pide que te aprendas todos los conceptos recién explicados de memoria para luego, en una evaluación, preguntarte si te pudiste aprender dicha información correctamente. Si pasas el examen contestando en tiempo y forma a las preguntas que se te hicieron, entonces se asume que ya estás preparado para ser un gran católico en el mundo.

¡Nada más falso! ¿Quien se ha enamorado de su pareja leyendo un libro sobre ella? ¿Quien aprendió a andar en bicicleta sentado en una banca escuchando a un experto leer cientos de diapositivas de Power Point sobre  “cómo manejar en bicicleta sin caerse”? ¡Nadie!

Nuestro sistema educativo tiene muchos vicios y errores de por sí (algún día platicaré de esto), por lo que no podemos confiarle solo a este sistema la formación y el desarrollo de nuestros niños y jóvenes católicos.

Además de aquel vecino, en mi vida he conocido a muchas personas que piensan igual que él. La imposición de la educación católica y el método de enseñanza que se utilizó para inducirlos a la fe los alejo más que de lo que los debió de haber acercado a conocer y practicar profundamente su religión.

¿El resultado? Un montón de personas desencantadas con la práctica de su espiritualidad pues… ¡No la comprenden!

Por eso mismo, me atrevo a decir nuevamente que parte de la culpa de dicho catolicismo ligero la tiene la manera en que hemos educado a nuestros católicos en el mundo.

Pero si no es así ¿entonces cómo debemos hacerlo?

Para mi todo se centra en educar y enseñar primero el principio rector de nuestra fe: el amor.

No puedes pretender entender a Jesús, a María, los hechos de los apóstoles, la Biblia, la pasión del calvario, la resurrección, los sacramentos, el sacerdocio, la doctrina, la vida de los santos, la posición de la iglesia, los milagros del Maestro ni ninguna de las palabras de ningún catecismo católico, si primero no comprendes  cabalmente lo que dio lugar a todo esto: el amor.

“El eje rector y fundamental del catolicismo es el amor”. Punto.

Por el amor fuimos creados y por el amor deberemos de morir.

Enseña a amar y en automático estarás enseñando la mejor y más fundamental de las doctrinas católicas. Así de sencillo.

Pero… ¿cómo se enseña a amar? ¿En que curso o institución educativa se aprende “Amorología” ?

A amar se aprende amando. No hay más.

¿Quieres que un niño entienda el amor de Dios? Enséñalo primero a amar a su hermano.

¿Quieres que un joven comprenda el sentido de los sacramentos? Llévalo primero a sacramentar su vida en el prójimo.

¿Quieres que una jovencita haga suyo el valor de la oración? Llévala primero a rezar con sus acciones.

¿Quieres que tu vecino capte la doctrina del catolicismo? Pídele primero que te ayude a sacar adelante el problema de tu otro vecino más necesitado.

¿Quieres que aquel director de empresa que se dice ser católico actúe como tal? Amalo escuchándole como persona y luego pídele que lo haga con su gente por igual.

¡Es el amor! ¡El catolicismo se enseña por la vía del amor!

Si al igual que yo, eres formador de personas, y te toca capacitar a los futuros católicos del mundo te propongo una cosa: ¡Deja de enseñar hablando y comienza a formar actuando!

Lleva a tus alumnos, hijos, aprendices o pupilos primero a acercarse al prójimo antes de hablarles de Jesús. Explícales que la primer lección que un católico debe de aprender es que, por sobre todas las cosas, el amor al prójimo es lo más importante.

Amigo catequista… lleva a tus alumnos a hacer labor social, a recolectar víveres para los más necesitados, propónles que levanten la basura de la colonia, indícales que de tarea deben de pedir perdón a un familiar o amigo, llévalos a un comedor público para indigentes, diles que organicen una actividad económica para ayudar a pagar la operación de un enfermo, inscríbelos en una organización altruista, organiza un concurso para premiar al que más ayuda. En pocas palabras, invítales a practicar el amor desinteresado. Una y otra vez.

No necesitas de un salón de clases, cuadernos, lápices ni Power Point. Mientras tengas acceso a un “prójimo” puedes enseñar a amar.

Una vez que estos chicos tengan en su corazón bien clavada la espina del amor como fuente de vida, entonces si, podrás proceder a explicarles quién ha sido la persona que más ha amado en la historia de la humanidad, quien es ese Dios del que emana ese amor que tanta felicidad les produce, quien es María la maestra del amor maternal, por qué los sacerdotes viven en celibato, por qué no estamos de acuerdo en la despenalización del aborto ni de la anticoncepción, etc…

Una vez que le has enseñado a un hombre a amar, entonces si… podrás  hablarle todo lo que quieras de Jesús y de su amada Iglesia, que estoy seguro que lo entenderán en su totalidad.

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