Buscar la gracia

Ayer, cuando me acerqué a la última misa del día, la de las 8:00 pm, para buscar aprovechar la ceremonia para encontrarme a un sacerdote en el confesionario de la Iglesia me percaté que este… ¡estaba vacío! Se me informó que aparentemente durante esa misa no iba a haber confesiones. (Los sembradores son pocos y la mies es mucha)

¡No puede ser! Me dije a mi mismo. Prometí que me iba a confesar como propósito de Semana Santa y resulta que no podré cumplirlo en tiempo. Ya había asistido a misa en la mañana y también me había resultado complicado encontrar a un sacerdote disponible para confesarme, así que pensé que durante la noche si lo conseguiría.

Junto al confesionario, existe un pequeño cuarto de oración con una imagen de la Virgen de Guadalupe, así que me dije a mí mismo: “Pues aunque sea a pedir perdón en oración frente a mi madre”, y me arrodillé frente a su dulce presencia y empecé a orar con penitencia. Después de presentar mis disculpas por los pecados cometidos contra su hijo, recé un misterio del rosario y me dispuse a abandonar el recinto no sin antes pedirle que intercediera por mi para poder confesarme prontamente en los próximos días.

Estaba yo en las escalinatas que comunican a la Iglesia con la calle cuando pensé: “¡Un momento! ¿Y si busco yo ir la gracia en vez de esperar a que esta venga a mi? ¿Lograré algo? ¿Qué puedo perder?”

Sin pensarlo me dirigí a la sacristía ubicada en la parte trasera del altar y esperando no interrumpir los preparativos de la misma que estaba por iniciar pregunté: “¿Hay algún sacerdote que me pueda confesar?” Sorprendidos por mi repentina aparición en este lugar, el párroco de la Iglesia me comentó: “Yo te confieso, pues quien oficiará esta última misa será otro sacerdote, ya que me  tengo que retirar a otro compromiso”. Acto seguido me dirigió a una pequeña sala de estar que se encontraba cercana a la sacristía y con toda atención escuchó mi confesión.

Wow… que bien! Misión cumplida. Mi conciencia está renovada una vez más. Tan sólo hacía falta preguntar si alguien me podía ayudar, en vez de asumir que no se iba a poder lograr por los medios tradicionales. Como dice mi esposa, si ya tienes el no, pues ahora ve por el sí.

Las gracias de Dios se buscan, no se esperan así nada más.  Dios nos dice, ayúdate que yo te ayudaré.

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