Libertad y prosperidad

30 octubre 2009

Recién acabo de leer un reporte por más revelador.

Se trata del “Reporte 2009 del índice de prosperidad” que elabora la fundación Legatum que tiene sede en Inglaterra (Les recomiendo que lo descarguen)

Este reporte que se publica anualmente considera distintos factores para generar un ranking de los países más prósperos del planeta. Así, el ranking 2009 de los 20 países más prósperos es el siguiente:

1) Finlandia

2) Suiza

3) Suecia

4) Dinamarca

5) Noruega

6) Australia

7) Canada

8) Holanda

9) Estados Unidos

10) Nueva Zelanda

11) Irlanda

12) Reino Unido

13) Bélgica

14) Alemania

15) Austria

16) Japón

17) Francia

18) Hong-Kong

19) España

20)Eslovenia

Pero fuera del análisis que podríamos hacer de la manera en que se realiza este reporte o los factores que conllevan a que un país sea más o menos próspero, me gustaría centrarme en la manera en cómo este Instituto entiende la prosperidad, ya que el reporte considera en por lo menos un tercio de sus variables un factor común para llegar a sus conclusiones: la libertad de poder hacer.

Es decir, este reporte asume que entre más libertad tengan los ciudadanos de un país para poder elegir y decidir su propio destino, entonces más prospero este será. ¡Estoy de acuerdo!

La libertad, es el valor que más hemos defendido los seres humanos a lo largo de toda nuestra historia. Libertad física, libertad de expresión, libertad de culto, libertad de crecer, libertad de amar…

Cuando Dios creó al hombre le hizo libre aún a sabiendas de que este regalo podía implicar que el ser creado se alejara por decisión propia de su Creador. ¿Paradójico? No, brillante.

Creer por convicción en libertad tiene más sentido que creer por obligación. Igualmente, decidir no creer por convicción, tiene más implicaciones personales que ser obligado a no creer. Pero al final Dios nos hizo libres.

Por eso me gusta la perspectiva presentada en este reporte de prosperidad, entendiendo el fomento de la libertad como el detonante principal para elevar la calidad de vida en un país.


Arturo va bien…

29 octubre 2009

Amigos…

Recientemente publiqué un post en donde solicité sus oraciones por la salud de un amigo personal. Agradezco a todas las personas que así lo hicieron. Ayer no enteramos que Arturo dejó el hospital y comienza una etapa dura y difícil de rehabilitación. ¡Vamos de gane! Para como llegó a estar de delicada la situación de su salud, que ahora esté en su casa ya es un gran avance.

A todos mis hermanos en la fe que elevaron sus oraciones por esta causa personal, no tengo palabras para agradecerles el favor. Le pido a Dios que devuelva el doble de bendiciones para ustedes y sus familias.

Una vez más… ¡Dios Existe!


Philosophing

27 octubre 2009

Hoy… ¿a quien tendrías que pedirle perdón?


Dudar…

26 octubre 2009

¿Es válido dudar de Dios? ¿Es natural creer que Dios puede no existir? ¿Qué fuerza tiene una duda en la construcción de nuestra fe?

A estas cuestiones apela la película “La duda”, película dirigida por John Patrick Shanley y que cuenta con una soberbia y magistral actuación de la actriz Meryl Streep (para mi la mejor actriz del planeta) y el actor Philip Seymor Hofman (en camino de convertirse en uno de los mejores actores del planeta).

A mi me gustó mucho la película aunque reconozco su carácter controvertido y retador (Lo que hace que me guste más).

No quisiera centrar este post en relatar la trama de la película, pero bastará con conocer que esta gira en torno a la duda que la directora de un colegio de niños tiene sobre una “probable” actuación inmoral del capellán del instituto, misma que él niega y justifica.

Dudar es de hombres, es natural del ser humano. Dudar de lo que creemos es parte importante de nuestro proceso de entendimiento.

Por ejemplo, hoy se sabe que la beata Teresa de Calcuta (próxima Santa) dudó de su fe en diferentes momentos de su vida. Sin embargo esto nunca fue motivo para detenerse y seguir levantando al desvalido y al hambriento.

Yo he dudado, no hay nada malo con aceptarlo. Pero extrañamente, en cada duda me viene un peldaño más hacia la fe. No puedo explicarlo cabalmente, pero en los momentos en que me he visto abordado por alguna duda, esta también ha venido acompañada por una certeza. Es como si  Dios permitiera por un instante que experimentemos la sensación de un mundo sin Él, pero en este mismo ejercicio, también nos revelara las puertas de la desesperanza de no tenerlo.

Dudar es normal, más no dudarlo todo y al igual que en el caso de Teresa de Calcuta… podemos dudar pero jamás parar.


Arturo.

22 octubre 2009

Arturo, un amigo muy cercano de mi familia está pasando por una gran prueba de Dios.

Hoy en la mañana recibí la noticia de que el pasado martes sufrió de una aparente embolia que lo tiene en estado delicado de salud.

Según nos cuenta su esposa y querida amiga nuestra, Arturo se comunicó con ella desde su trabajo para charlar un poco sobre el bebé que viene en camino, ambos estaban planeando asistir esta semana al ginecólogo para verlo por primera vez en el ultrasonido. La llamada transcurrió entre risas y bromas, muy propias del humor de Arturo.

20 minutos después de colgar, el teléfono volvió a sonar en casa de su esposa, pero esta vez la voz ya no era de él, sino de algún compañero de trabajo que le informó que su esposo estaba siendo trasladado de emergencia al hospital debido a que, de manera repentina, sufrió un ataque que lo dejó inconsciente e inmóvil de la parte izquierda del cuerpo.

En estos momentos que escribo estas líneas, Arturo sigue internado en el hospital y aún se esperan respuestas alentadoras sobre su estado de salud. Mi esposa y yo estaremos a la espera de que todo mejore en los próximos días.

Varias reflexiones me llegan a la mente:

1) Somos débiles.

2) Dios no nos deja y nos ama (en momentos como este es cuando más quiero gritarlo)

3) La fe es la mejor medicina para el alma.

Amigos lectores, me encantaría que se unieran al dolor de la familia de Arturo en estos momentos, y la apoyemos rezando un Padre Nuestro y un Ave María por la pronta recuperación y fortaleza espiritual de Arturo y su familia.

No les quitará más de 5 minutos y seguramente habremos logrado mucho.

Si lo hacen les agradecería que me lo hicieran saber para enviarle a su esposa y al mismo Arturo sus intenciones impresas al hospital.

¡Ánimo Arturo! Dios está contigo hoy más que nunca.


Sobre el amor

21 octubre 2009

Hoy, en su columna editorial “mirador” del periódico Reforma el columnista Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como “Catón” publica esta alegoría sencilla y a la vez hermosa del amor:

“Mi conjugación del verbo amar.

Presente: Tú, tú, tú, tú, tú, tú.
Pretérito: Tú, tú, tú, tú, tú, tú.
Futuro: Tú, tú, tú, tú, tú, tú.
Antepresente: Tú, tú, tú, tú, tú, tú.
Antepretérito: Tú, tú, tú, tú, tú, tú.
Antefuturo: Tú, tú, tú, tú, tú, tú.
Infinitivo: Tú.
Imperativo: Tú.

¡Hasta mañana!…”

La referencia directa a esta publicación la pueden encontrar en este link.


Oye papá (IV)

20 octubre 2009

father-and-son

Esta sección tiene como objetivo profundizar en los temas centrales de nuestra fe católica. Responder a preguntas que cualquier católico o no católico se pudiera estar realizando acerca de nuestra religión y su modelo de espiritualidad. Los invito a enviarme sus comentarios y preguntas  alsiguiente correo para que puedan ser tratadas en esta sección. Para una mayor formación en los distintos temas aquí tratados,  Diario de un Católico recomienda la consulta constante del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquiera de sus ediciones disponibles.

El tema central de esta sección gira en torno al diálogo que sostienen un niño de 10 años con su padre al respecto de las dudas humanas y espirituales del primero. El niño representa la inocencia de quien está aprendiendo y madurando y que por lo tanto tiene sed de conocimiento, mientras que el papá representa la fuente de tal conocimiento y la experiencia de quien ya ha profundizado en la búsqueda de la verdad y desea transmitirla a quien más ama. Padre e hijo salen a caminar todos los días un rato para platicar en la espera de la cena que mamá les está preparando en casa.

Hijo: Oye papá ¿Por qué me tengo que confesar?

Papá: Querido hijo, hay que confesarnos principalmente por la necesidad que tenemos los seres humanos de arrepentirnos de nuestros errores. Dios no nos hizo perfectos y como tal podemos equivocarnos muchas veces a lo largo de nuestra vida. Pero Dios en su gran amor hacia nosotros nos regala la oportunidad de confesar nuestras faltas por medio del sacramento de la reconciliación y así obtener su perdón.

Hijo: ¿Sacramento? ¿Por qué la confesión es un sacramento?

Papá: La confesión y los demás sacramentos (bautismo, confirmación, comunión, matrimonio, orden sacerdotal y unción de los enfermos) son llamados así pues son “signos sensibles” que Dios nos da cuando se lo solicitamos. Es decir, Dios a través de cada uno de los sacramentos nos deja un huella que refleja su amor por nosotros. En el caso del sacramento de la confesión, Dios deja la huella del perdón.

Hijo: No entiendo bien eso de la huella ¿Me podrías explicar un poco más?

Papá: Claro que si. Mira, imagina que un sacramento es como una experiencia de vida en la que Dios se hace presente de manera personal y definitiva en tu persona. Cuando acudes a confesarte, el sacerdote sirve como intermediario entre tú y Dios y una vez que obtienes la absolución por parte del padre, entonces Dios se adentra en tu persona y te impregna con la huella de su perdón. Por ejemplo de manera similar, en el caso del sacramento del Orden Sacerdotal, Dios se hace presente para cada uno de los candidatos que por vocación solicitan ser tocados por Dios con la huella del poder sacerdotal.

Hijo: ¿Y que significa que Dios te deja una huella en tu interior?

Papá: Como lo mencioné, es un toque especial de Dios a tu persona. Cuando Dios, por medio de la imposición de un sacramento, te concede un signo también te está llenando de fuerzas especiales relacionadas a ese sacramento. Así, por ejemplo, cuando una pareja decide casarse y se acercan por propia voluntad al sacramento del matrimonio, estarán recibiendo dones especiales por  parte de Dios nuestro Señor para poder vivir la fidelidad en su vida matrimonial.

Hijo: ¿Y en la confesión que gracias recibo?

Papá: Ah pues como bien podríamos imaginar, quien se acerca con toda la disposición de recibir el sacramento de la reconciliación, recibe la ayuda de Dios para fortalecer su alma ante el pecado y no volver a caer en las mismas faltas. Por eso, quien se confiesa de manera constante, digamos por lo menos cada 15 o 20 días, puede asegurar que Dios le tienen en consideración para fortalecer cada vez más su alma.

Hijo: O sea que entre más me confieso… ¿Más fuerte soy?

Papá: Así me gusta verlo hijo mío. Ya de por sí el sentimiento de arrepentimiento es un fuerte indicativo de tener un alma poderosa que, si le agregamos la voluntad de reparar el mal realizado y la firme convicción de no volver a pecar, se irá asemejando cada vez más a la de Cristo.

Hijo: Además, si me confieso puedo comulgar ¿verdad?

Papá: En efecto. La Iglesia pide que tu alma esté en estado de gracia para recibir a Jesús en la Eucaristía. Además, considera lo siguiente: cuando nos acercamos a la confesión es Jesús mismo quien nos está perdonando. A Cristo le encanta perdonarnos. No importa que tan pequeós o granves sean nuestro pecados, Cristo siempre está abierto a extendernos su perdón.

Hijo: Quisiera perdonar tan fácil como Él…

Papá: Primero aprende a pedir perdón y poco a poco irás aprendiendo a perdonar.

Hijo: Por cierto papá…. hablando de perdonar, hay algo que quisiera comentarte.

Papá: Te escucho hijo.

Hijo: ¿Te acuerdas de aquella ocasión en que me enojé por que  mamá y tú no me quisieron comprar el juguete que salía en la tele?

Papá: Como olvidarlo. Si hasta recuerdo que del coraje que tenías no quisiste cenar. A tu mamá y a mi nos dolió mucho verte así.

Hijo: Pues quiero pedirte una disculpa por haberme portado así. Es algo que desde hace tiempo que te quería decir pero hasta ahora, que hablamos del sacramento de la confesión es que encuentro la oportunidad de hacerlo. Tenía miedo que me dejarás de querer por portarme así de mal en aquella ocasión.

Papá: Querido hijo, agradezco la confianza que me tienes para hablarme con sinceridad y te ofrezco de todo corazón mi cariño, el cual nunca se verá afectado por tus acciones. Como seres humanos nos equivocamos y nos levantamos y así, como  nos gusta que nos perdonen, debemos de perdonar. Que te acerques a mi a pedir perdón es una muestra de tu madurez y generosidad. ¡Gracias hijo!

Hijo: Me  gustaría ir con mamá para también ofrecerle una disculpa.

Papá: Me parece una excelente idea. Estoy seguro que a tu mamá al igual que a mi le encantará escuchar tu sentimientos al respecto.


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